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Rapa das Bestas de Sabucedo

A Estrada (Montes-Lalin), Pontevedra

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Rapa das Bestas de Sabucedo en a Estrada, A Coruña

Se celebra el primer fin de semana de julio la Rapa das Bestas más conocida de Galicia, una fiesta única por su espectacularidad. Está declarada de Interés Turístico Internacional.

El origen de la Rapa data del año 1567, en el que una terrible peste devastó la comarca. En esta situación, dos hermanas ofrecieron a San Lorenzo, patrón del pueblo, dos caballos de su propiedad para librarlos de la enfermedad, y así sucedió. Pasada la peste, las hermanas cumplieron su promesa y de esa pareja de caballos, hoy son más de 600 los que vagan libres por los montes de los alrededores, repartidos en 14 manadas.
Sabucedo es un pueblo que gira alrededor del los caballos, no solo por la rapa, sino que durante todo el año los vecinos visitan a las bestias en el monte, cuidando de ellos y observando los nuevos nacimientos.
Hombre y caballo. La Rapa enfrenta, desde hace cientos de años, dos fuerzas de la naturaleza. Los caballos salvajes de esta tierra se juntan para ser rapados por los Aloitadores (que solo pueden ser mozos de la aldea).
Miles de visitantes son testigos privilegiados de este rito anual. Cerca de las siete de la mañana comienza la marcha; los vecinos de Sabucedo, acompañados de muchos visitantes que los ayudaran en la bajada, siempre bajo las instrucciones de los primeros, toman camino saliendo de los alrededores de la aldea hacia los lejanos montes. Una vez localizada cada manada, se rodea, apretando el cerco lentamente hasta conseguir encaminarlas en la dirección prevista; así sucede de forma combinada y por los distintos grupos en los diferentes lugares del monte para conducirlas hasta alcanzar a vaguada do Peón,

donde son reunidas las manadas. Una vez calmados los ánimos, se emprende la marcha hacia Sabucedo.
El trabajo llevado a cabo en el curro es sin duda, por su peligrosidad, el acto más espectacular que se puede contemplar en esta fiesta.
El Aloitador, sin más armas que sus propias manos y su forma de actuar, heredada de generación en generación, intentará reducir al animal. Dos aloitadores van a la cabeza y uno al rabo. Uno de los que van a la cabeza debe de ser el que salta encima de la bestia y cabalga sobre ella, el que sujeta por el rabo tiene que intentar desequilibrar al animal para derribarlo. Cuando la bestia queda inmovilizada, se procede a cortar las crines, que los niños se ocuparan de guardar en las cestas.
Sudor, esfuerzo y polvo. La lucha entre hombre y caballo, lo que esperan ver. La convivencia y la fiesta como trasfondo.
Los días se dedican a la rapa. Por la noche aún quedan fuerzas para disfrutar de la comida, el vino y la música. Los aloitadores cumplieron con su rito iniciativo, una celebración no contaminada de intereses comerciales y que se celebra de igual manera desde hace cientos de años

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